Mi padre intentó durante mucho tiempo que la llamara así, pero no lo consiguió, mientras mayor era su cabezonería, mayor era la mía. Es que realmente no lo es, no es mi hermana, no tenemos sangre en común. Riba es hija de la mujer de mi padre y de su primer marido, no somos familia por más que mi padre y su madre se hayan casado.
Viéndole el lado positivo a todas las peleas y disgustos que tuve con mi padre por culpa de este detalle, diré que, al menos, esas peleas sirvieron para que a él ya nunca se le ocurriera ni mencionarme la posibilidad de que llamara “mamá” a su segunda mujer, que eso sí que no lo hubiera soportado. Es más, estoy segura que si me hubiera dicho eso hubiéramos partido peras para siempre, que bien poco faltó. Mi hermano, mi hermano de verdad, hijo de mis mismos padres, tampoco la llama así. Joder, es que si no lo es, no veo por qué tenemos que llamárselo, ni tan siquiera tratarla como tal. No es nuestra hermana, y punto.
Claro que Riba tampoco tiene la culpa de todo este berenjenal, que ella tampoco quiso venir a esta familia ni pidió dos hermanos como regalo de Reyes. De hecho, Riba es una buena chica, enrollada y simpática, y si la hubiera conocido en cualquier otra circunstancia, probablemente nos habríamos hecho amigas. Pero nos entramos muy mal, nos conocimos de manera traumática, y ahora a ver quién lo arregla. Porque Riba se presentó un día por sorpresa en la que había sido mi casa yendo de la mano de su madre, a la que mi padre presentó como la nueva ama y señora cuando mi verdadera madre aún no debía estar fría del todo en su sepultura. Algo así no se olvida ni se perdona. Algo así te marca para siempre.
Sé que Riba también debe estar marcada por aquel día y por lo que vino después. Sé que se ha esforzado, que ha intentado hacerse querer por mi hermano y por mí. Lo aprecio y lo agradezco. Claro. Pero no puedo salir de mí misma, tragarme años de sentimientos y dar un paso más del necesario. Nos llevamos bien, ahora, hablamos de todo con tranquilidad, y a veces hasta jugamos y bromeamos como ese par de amigas que no somos, que casi seguro nunca seremos, como esas hermanas que, esto sí lo puedo decir con total seguridad, no seremos jamás.
